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Altos Labs: quién financia la apuesta de 3.000 millones por el rejuvenecimiento celular

La biotecnológica vinculada a Jeff Bezos y a Yuri y Julia Milner reúne a investigadores como Juan Carlos Izpisua Belmonte, Jodi Nunnari y Wolf Reik. Su objetivo es devolver a las células parte de su capacidad para resistir el daño y convertir ese conocimiento en tratamientos.

Nova Longeva redacción

Colonia de células madre pluripotentes inducidas humanas vista al microscopio confocal.
Colonia de células madre pluripotentes inducidas humanas. Imagen de referencia del National Eye Institute (NIH), de dominio público.

¿Cómo se comprueba si una célula está recuperando funciones que perdió con la edad? Antes de probar un tratamiento, hay que saber qué cambios buscar y cómo medirlos. El 1 de noviembre, investigadores de Altos Labs publicaron en Journal of Cell Science una versión mejorada de una técnica que permite visualizar qué regiones del ADN son más accesibles en células y tejidos. Es una forma de observar cómo cambia la organización del genoma durante el envejecimiento y la reprogramación.

Ese trabajo muestra una parte de lo que financia una de las mayores apuestas privadas del sector. Altos Labs anunció 3.000 millones de dólares en financiación comprometida al presentarse en enero de 2022. Una pregunta sigue guiando a sus equipos: ¿hasta qué punto podemos restaurar la salud de una célula para que un tejido responda mejor a una enfermedad o a una lesión?

LA CLAVE
Altos Labs estudia cómo recuperar funciones celulares que se deterioran con la edad o la enfermedad. Su apuesta combina reprogramación, biología celular y modelos computacionales. El reto es identificar qué cambios ayudan a un tejido a funcionar mejor y cómo reproducirlos de forma segura.

Quién financia Altos Labs

Antes de que la compañía se presentara públicamente, MIT Technology Review confirmó que Yuri y Julia Milner habían invertido a través de una fundación. El mismo reportaje situó a Jeff Bezos entre los inversores citados por personas a las que la empresa había informado. El anuncio oficial de lanzamiento comunicó la cifra global de capital comprometido. Las aportaciones individuales de Bezos y de los Milner siguen sin desglosarse en esas fuentes.

La empresa se organizó con centros de investigación en el área de la bahía de San Francisco, San Diego y Cambridge, en Reino Unido. Su modelo de investigación combina laboratorios dedicados a entender cómo funciona la célula con equipos encargados de trasladar esos hallazgos al desarrollo de medicamentos. Lo dirige Hal Barron, que antes estuvo al frente de la investigación y el desarrollo de GSK.

Los científicos detrás de la apuesta

Juan Carlos Izpisua Belmonte es científico fundador y vicepresidente sénior. En 2016, cuando trabajaba en el Instituto Salk, su equipo mostró en un estudio publicado en Cell que activar de forma intermitente los factores de Yamanaka podía mejorar algunos rasgos asociados a la edad y prolongar la vida de ratones con envejecimiento prematuro. Ese experimento, anterior a Altos, ayudó a establecer la reprogramación parcial como línea de investigación.

El equipo actual reúne especialidades distintas. Jodi Nunnari, investigadora de la biología mitocondrial, dirige el área de descubrimiento científico. Wolf Reik aporta su experiencia en epigenética y Hana El-Samad dirige el Instituto de Computación. En el equipo de investigación de Altos también figuran Pura Muñoz-Cánoves y Manuel Serrano, con trayectorias en regeneración muscular y senescencia celular, respectivamente. Joan Mannick ocupa la dirección médica y de desarrollo de productos.

Shinya Yamanaka está ligado a la historia de Altos de otra forma. En su presentación de 2022, la empresa anunció al Nobel como asesor científico sénior sin remuneración, con el encargo de orientar las actividades de investigación en Japón.

Qué quiere decir «rejuvenecer» una célula

Una célula muscular y una de la piel contienen esencialmente el mismo ADN, pero usan genes distintos para hacer su trabajo. Los factores de Yamanaka demostraron que es posible cambiar profundamente ese programa y llevar una célula adulta a un estado desde el que puede convertirse en otros tipos celulares.

La reprogramación parcial intenta aprovechar parte de ese proceso. La idea es modificar cómo se usan ciertos genes durante un tiempo limitado para que la célula recupere capacidades que había perdido y conserve su identidad. Para una célula muscular, por ejemplo, la pregunta sería si vuelve a responder mejor al daño mientras sigue cumpliendo su función en el músculo. Controlar la intensidad y la duración de la intervención es decisivo, porque una reprogramación más profunda puede alterar la identidad celular.

Del laboratorio a un tratamiento

La técnica descrita en el estudio de noviembre permite examinar la cromatina, el conjunto de ADN y proteínas que organiza el genoma, en el lugar que ocupa dentro de la célula. Así, un equipo puede investigar qué regiones se vuelven más o menos accesibles durante la reprogramación y relacionar esos cambios con lo que hace la célula.

El paso hacia un medicamento exige elegir un tejido, una enfermedad y una función que merezca la pena recuperar. Después hay que comprobar cuánto dura la mejora y qué riesgos introduce la intervención. Ahí se juega la apuesta de Altos Labs: demostrar que un cambio medible en la célula puede traducirse en un beneficio que importe al paciente.