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Una vacuna experimental contra las células zombi alarga la vida de ratones envejecidos

La vacuna dirigió la respuesta inmunitaria contra determinadas células senescentes del tejido graso. En ratones tratados a una edad avanzada, la mediana de supervivencia aumentó alrededor de un 12 %.

Nova Longeva redacción

Ratón negro de laboratorio sostenido por manos con guantes morados.
Ratón de laboratorio. Foto de archivo de Understanding Animal Research / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Una vacuna suele entrenar al sistema inmunitario para reconocer algo que viene de fuera. ¿Y si también pudiera enseñarle a identificar células del propio organismo que se acumulan con la edad? Un equipo del Primer Hospital de la Universidad de Jilin probó esa idea en ratones envejecidos. El estudio, publicado el 28 de octubre en Advanced Science, observó cambios en el tejido graso, mejoras en el control de la glucosa y una mayor supervivencia. Estudio original.

LA CLAVE
La vacuna ayuda al sistema inmunitario a reconocer ciertas células senescentes del tejido graso. En el experimento de supervivencia, los ratones vacunados alcanzaron una mediana de 113 semanas de vida, frente a 101 en el grupo que recibió una solución salina.

Qué células reconoce la vacuna

Las llamadas células zombi son células senescentes. Han dejado de dividirse, pero siguen activas y pueden liberar sustancias que alteran el tejido que las rodea. La senescencia también cumple funciones útiles, por ejemplo durante la reparación de una herida. El interés de los tratamientos senolíticos está en eliminar poblaciones concretas de células que persisten y contribuyen al deterioro del tejido. Revisión sobre la senescencia celular.

La vacuna usa como diana GPNMB, una proteína presente en la superficie de algunas células senescentes. Sus nanopartículas llevan un fragmento de esa proteína a las células dendríticas, que presentan la señal a los linfocitos T. Estos pueden entonces reconocer y eliminar determinadas células grasas que muestran esa señal. La formulación incorpora además componentes que ayudan a las células dendríticas envejecidas a activar la respuesta. Mecanismo descrito en el estudio.

Qué ocurrió en los ratones

En el experimento con animales envejecidos de forma natural, los investigadores administraron la vacuna a las 75 semanas de edad. Después observaron una reducción de los marcadores de senescencia en la grasa visceral y mejoras en las pruebas de tolerancia a la glucosa y de respuesta a la insulina.

En el seguimiento de supervivencia, con diez animales por grupo, la mediana fue de 113 semanas con la vacuna y 101 semanas con solución salina. Otros dos grupos, que recibieron formulaciones de comparación, alcanzaron 103 y 111 semanas. La diferencia de doce semanas corresponde a la comparación con la solución salina. Figura 6 del estudio.

La mediana indica la edad a la que la mitad de los animales del grupo seguía viva. Es una forma de comparar la supervivencia de los grupos, distinta de medir cuánto vivió el animal más longevo.

Qué aporta este experimento

GPNMB ya se había utilizado como diana de otra vacuna senolítica. En 2021, un estudio publicado en Nature Aging observó que esa estrategia reducía las células que expresaban la proteína y prolongaba la vida de ratones macho con envejecimiento prematuro. El nuevo trabajo añade un resultado en ratones de edad avanzada que habían envejecido de forma natural. Estudio de 2021.

El paso siguiente sería comprobar si el efecto se reproduce en grupos más amplios y cuánto dura la respuesta inmunitaria. Para plantear su uso en personas, también habría que identificar qué tejidos podrían beneficiarse y comprobar si la vacuna distingue con suficiente precisión las células que interesa eliminar. Esa selectividad será decisiva para convertir la idea de vacunar contra ciertas células envejecidas en una estrategia terapéutica.