
¿Hasta dónde podría llegar una medicina capaz de investigar más deprisa? Greg Brockman, cofundador y presidente de OpenAI, ha llevado esa pregunta a uno de sus extremos. Durante una intervención en WSJ Tech, planteó la posibilidad de que, en el futuro, morir llegara a ser una elección.
Según la cobertura publicada por TechSpot el 5 de noviembre, Brockman expresó su confianza en que la IA permita avances importantes en biología, salud y tratamiento de enfermedades durante los próximos doce a dieciocho meses. También reconoció que desarrollar todo su potencial llevará tiempo.
La declaración conecta con una pregunta que gana presencia en el sector de la longevidad. Si la inteligencia artificial ayuda a comprender mejor las enfermedades y a desarrollar tratamientos, ¿podría cambiar también cuánto tiempo vivimos con salud?
LA CLAVE
Brockman sitúa la investigación biológica entre las grandes oportunidades de la IA. Su previsión de 12–18 meses se refiere a avances médicos, mientras que la posibilidad de convertir la muerte en una elección queda como una aspiración a futuro.
Qué puede aportar la IA a la investigación del envejecimiento
La biología produce enormes cantidades de información. Una muestra de tejido puede revelar qué genes están activos, qué proteínas contiene y cómo responden sus células a un tratamiento. Interpretar esos datos y decidir qué experimento merece hacerse después ocupa una parte importante del trabajo científico.
La IA puede ayudar a encontrar relaciones entre esos resultados, proponer nuevas moléculas o seleccionar combinaciones que después se prueban en el laboratorio. Para la investigación del envejecimiento, esa capacidad resulta especialmente atractiva. Las células cambian de muchas formas con los años, y comprender cómo se relacionan esos cambios exige estudiar numerosos procesos a la vez.
OpenAI ya ha trabajado en reprogramación celular
Un ejemplo es la colaboración entre OpenAI y Retro Biosciences, presentada en agosto de 2025. Ambas compañías utilizaron GPT-4b micro, un modelo experimental especializado en proteínas, para diseñar variantes de factores empleados en la reprogramación celular.
Estos factores pueden ayudar a cambiar el estado de una célula. OpenAI comunicó mejoras en la expresión de marcadores relacionados con la reprogramación en sus experimentos. El resultado muestra una aplicación concreta de la IA en el laboratorio, con objetivos que pueden medirse y compararse.
La conexión con la longevidad está en investigar si ciertas funciones celulares perdidas con la edad pueden recuperarse. Es una de las preguntas que también exploran los trabajos sobre los factores de Yamanaka y el rejuvenecimiento celular.
De una idea prometedora a un tratamiento
La velocidad para generar candidatos es solo una parte del desarrollo de un medicamento. Después hay que comprobar cómo actúan, qué dosis necesita un paciente y qué efectos adversos pueden aparecer.
La descripción de los ensayos clínicos de la FDA muestra por qué este recorrido requiere tiempo. Los estudios avanzan desde grupos pequeños hasta ensayos más amplios que evalúan el beneficio del tratamiento y permiten detectar problemas menos frecuentes.
Un avance anunciado dentro del plazo que plantea Brockman podría ser importante para la investigación y necesitar todavía años de desarrollo antes de llegar a una consulta.
La longevidad entra en la conversación sobre el futuro de la IA
Las palabras de Brockman se suman al interés que otros nombres de la tecnología han mostrado por vivir más años con salud. En Nova Longeva ya repasamos cómo Jeff Bezos, Sam Altman y otros empresarios se han vinculado a compañías de longevidad.
La posibilidad de prolongar radicalmente la vida despierta una curiosidad evidente. Pero hay una pregunta más cercana que permitirá seguir el progreso de esta apuesta. ¿Qué tratamientos podrán desarrollarse gracias a la IA y cuánto mejorarán la vida de quienes los reciban?
Ahí empezará a verse qué parte de esa ambición consigue convertirse en medicina.